15 de junio: Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso

y el Maltrato en la Vejez

 

I – La S.A.G.G. y las Comunicaciones en Pandemia

Dres. Nemerovsky, Julio; Oddone, María Julieta; Murgieri, Margarita

En pleno siglo XXI, la pandemia de COVID-19 producida por el virus SARS-CoV2 influye en la visión que la sociedad tenía en relación a la salud, la economía, los derechos, las comunicaciones, la inclusión social, entre otros aspectos.

En este sentido, ante la inocultable escasez de recursos (humanos y materiales) un pico inesperado de contagios que requiera masiva internación (simple, intermedia o intensiva) obliga a ser muy cuidadosos a la hora de calificar a los grupos sociales según sus condiciones de vida, extracción social, edad o cualquier otro atributo. No sería admisible, por ejemplo, que la edad por sí misma determine en forma unívoca el derecho a ser o no ser atendido con la tecnología adecuada.

Es así que, la pandemia de COVID-19 ha dejado al descubierto por lo menos dos aspectos relacionados con el envejecimiento: el primero, con una mirada supuestamente sobreprotectora, mientras que el segundo, con una imagen negativa de la vejez, debido a generalizaciones que dan a entender que todas las personas mayores son iguales. Se ha reforzado la idea de que este grupo de edad lo conforman personas dependientes, que padecen enfermedades, tienen deterioro cognitivo, viven solas o que todas son abuelas o abuelos, o que viven en residencias para mayores.

Sin embargo, el conocimiento científico indica que, en una gran proporción, los mayores se valen por sí mismos, son capaces de cuidarse y de cuidar a otros frente a situaciones de riesgo y pueden tomar sus propias decisiones. Por ello, no debe transmitirse la idea de que se trata de un grupo homogéneo que sólo requieren servicios o apoyos de cuidado.

Observamos que en reiteradas oportunidades se menciona en el discurso mediático que el virus no busca a las personas sino que son las personas las que se exponen a él. En este sentido, sin embargo, se induce a pensar que son las personas mayores las que promueven la mayor difusión de la pandemia cuando no lo son, porque representan una parte menor de la distribución de la infección. Por otra parte, sabemos que la infección puede desencadenar una serie importante de complicaciones que devienen en una mayor incidencia de mortalidad en las personas mayores y llevan a constituir una población en riesgo.

En este contexto, la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría considera que debe emitir su posición para evitar caer en viejismos, esto es, discriminación sistemática contra las personas mayores por el mero hecho de serlo. Para ello, considera necesario establecer pautas de comunicación con respecto a: ¿cómo debe referirse a las Personas Mayores?; ¿Cómo deben ser tratadas las patologías prevalentes en las personas mayores y cuál debe ser la referencia a aquellas personas que la presentan? ; ¿Quiénes deben representar la opinión como expertos? y ¿cómo deben ser tratadas las noticias que involucran a las personas mayores?

La SAGG, organización no gubernamental sin fines de lucro, con más de 65 años de existencia, que nuclea geriatras y gerontólogos considera que debe llevar su palabra autorizada en relación al tema que nos convoca.

Los medios de comunicación en medio de, lo que a nuestra apreciación, es un nuevo y desconocido desafío comunicacional tienden a difundir un sinnúmero de noticias, que engloban sobre-información y el riesgo de desinformación, producto de interpretaciones erróneas a partir de comunicaciones científicas no interpretadas por los destinatarios idóneos. Por otra parte las verdades reveladas respecto de la pandemia tienen una vida efímera, ya que al desconocimiento, se adiciona la elaboración de teorías y registro de evidencias que se modifican constantemente. Es el minuto a minuto de una comunicación que satura al receptor y tiende a confundir. La sobre-información también afecta a los niveles científicos que permanentemente estamos expuestos a comunicaciones de estudios y ensayos, que luego son modificadas por otras, generando una verdadera cascada de informaciones contradictorias. Más información no es mejor información.

II – ¿Cómo referirse a un viejo?

Dres. Blanco, Ricardo; Gisbert, Wanda; Alessandrini, Graciana; Quezel, Mariano

“Los medios de comunicación reflejan lo que somos como sociedad, a veces como esos espejos deformantes de los circos, a veces como esos espejos veraces a los que nos asomamos al comenzar el día. Esa imagen, real o deformada, influye y le impone su tono a la comunicación entre personas, grupos, naciones y culturas y, desde luego, a la comunicación entre generaciones” Javier Darío Restrepo 2009

El lenguaje crea realidades, y es fundamental su uso correcto para evitar el estigma asociado a las personas mayores. La vejez, que seguramente en otra época se abordaba de manera intuitiva a partir de la sensibilidad de la ética personal, es un tema que hoy, en una sociedad con mayor noción de los derechos, demanda calidad y cuidado, exactitud y de prudencia en el tratamiento y referencia a las personas mayores. Las denominaciones utilizadas que condensan estereotipos negativos contra las personas mayores, producen efectos nocivos en el psiquismo de los sujetos, especialmente disminuyendo el nivel de autoestima. Como consecuencia inmediata, se condiciona la autopercepción de sus capacidades, especialmente las cognitivas, de forma perjudicial.

Decir persona, es referirnos a un sujeto del cual no se accedió a la información de su nombre propio, pero sí se le puede distinguir en la vida pública como sujeto de derecho. Esto último, de recientes implicancias en la perspectiva jurídica del mundo occidental.

Asociado persona al término mayor nos referimos a mayor cantidad de años, aunque aparece una connotación positiva de grandeza en otros aspectos, por ejemplo, de dignidad o autoridad, se suele definir con ella a los antepasados en una familia, los mayores y también en otro tipo de organizaciones sociales, señalando a los más importantes.

Se vislumbra la connotación positiva que impulsa su empleo combinado como personas mayores, reconocerlos como sujetos de derecho y con personalidad y psiquismo, como cualquier ser humano, agrupados por pertenecer a un colectivo relacionado con la edad cronológica, sin darle ningún otro tinte o cualidad a la denominación.

Personas mayores No viejitos o ancianos:
Ser una persona mayor no es estar enfermo, no es ser discapaz, no es ser dependiente y estar aguardando la muerte aislado del mundo. La vejez, al igual que la adultez, adolescencia o niñez, son etapas de la vida en la cual se identifican vivencias que las caracterizan. No habilitan a un trato fuera del respeto mutuo. La personas mayores conservan sus pensamientos, sentires, ética y hasta en algunos casos (cada vez más) lucidez y necesidad laboral.

Son un grupo muy heterogéneo desde sus características pero con un irrefutable punto en común para cada uno de los individuos: la obligación del respeto a sus derechos. El envejecimiento es un proceso biológico propio de los seres vivos. Este envejecimiento genera cambios en las personas que puede en algunos casos hacerlas vulnerables, lo que no significa enfermedad y ni discapacidad. La definición de adulto mayor es arbitraria, a partir de los 65 años de edad. En ese momento la persona no se enferma, no se hace dependiente ni el mundo se le acaba. Hay que hacer una evaluación minuciosa y multimodal de las personas para conocer cuáles son sus necesidades.

Personas mayores, NO abuelos o abuelitos:

La palabra “abuelo/a” se refiere a una relación filiatoria, se puede ser abuelo/a en edades tempranas sin que esto implique estar cursando la vejez. Y no todos los adultos o personas mayores son abuelos. Decir abuelo a una persona mayor es asumir que su condición filiatoria es lo que lo define, y es repudiable como se repudiaría decirle madre a una mujer en edad fértil.

La persona tiene más importancia que la vejez, la persona tiene más importancia que como ha vivido su vida y las relaciones filiatorias que ha desarrollado o no a lo largo de ella.

Persona mayor, NO jubilado:

Se entiende por jubilado a una persona que ha sido que ha dejado de trabajar y percibe una pensión. Se trata de una condición de la vida de una persona, no lo que lo define como grupo. Nuevamente es reducir a una persona a su condición laboral y asumir que por el hecho de pertenecer a un grupo etáreo se iguala en sus características a todas las personas de igual edad. No todas las personas mayores han dejado de trabajar. Al igual que no todos los jubilados son personas mayores. Existen tantas vejeces como personas y trayectos de vida asumidos.

Persona Mayor, No de la Tercera o Cuarta Edad:

Las expresiones tercera edad y cuarta edad no se encuentran en los diccionarios en su presentación compuesta. Ambas comparten un sentido ordinal. Como palabra en desuso, cuarta, señala a una de las cuatro líneas de los abuelos paternos y maternos, a la vez esconde una connotación negativa de orden de importancia.

Conocer el envejecimiento y los cambios que acarrea y mejorar la forma en que nos referimos a las personas mayores, facilitará la comunicación.

Por lo tanto y acorde a los cambios asociados al envejecimiento normal, se adjuntan una serie de recomendaciones para mejorar la comunicación:

  • La atención sostenida disminuye por lo que es mejor usar oraciones cortas
  • La disminución auditiva no afecta al volumen sino a la discriminación de la palabra, por lo tanto, no hay que elevar la voz, hablar pausado, de frente a la persona y evitando lugares que tengan ruido de fondo
  • El envejecimiento facilita el encandilamiento, se prefieren gráficos grandes de pase lento
  • Las personas mayores siguen siendo inteligentes con capacidad de comprensión intacta por el envejecimiento, siguen pensando en su futuro el de sus hijos, nietos y familiares, siguen siendo opinión pública en situaciones de índole social.

 

III ¿Cómo deben ser tratadas las Personas Mayores con patologías prevalentes?. Persona Mayor (PM) y enfermedad

Dres. Perret, Clara; Soengas, Natalia; Quezel , Mariano; Manzotti, Matías

Las personas mayores presentan normalmente cambios fisiológicos asociados al envejecimiento que, a su vez, pueden ser variables en los distintos órganos e individuos.

Sin embargo, estos cambios que son normales con la edad no determinan bajo ningún concepto que la persona esté enferma y deben diferenciarse de los cambios patológicos, es decir, asociados a patologías que, aunque son más frecuentes con el envejecimiento, no son parte inherente del mismo. Entre las patologías más frecuentes pueden mencionarse la artrosis, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular o deterioro cognitivo, entre otras, que no están determinadas por la edad.

Por lo tanto el tránsito por la vejez o la condición de envejecimiento no significa que el paciente debe ser identificado por una enfermedad.

No es correcto referirse a una persona adulta mayor como el hipertenso, el discapaz, el sordo, el del cáncer de pulmón o el demente. Son personas que padecen esas enfermedades. Son personas que se enfermaron.

A su vez, las enfermedades agudas en las personas mayores, especialmente aquellas personas mayores con fragilidad, suelen tener una presentación atípica o a través de síndromes geriátricos que presentan un desafío diagnóstico y requieren de un abordaje integral y especializado.

Tanto las enfermedades como los síndromes geriátricos y sus consecuencias en ocasiones derivan en situaciones de discapacidad, en muchos casos son reversibles total o parcialmente con una adecuada rehabilitación.

Las personas mayores constituyen entonces una población heterogénea, con ausencia o diferentes grados de carga de enfermedad y discapacidad, por lo que las metas y abordajes terapéuticos deben adecuarse a cada tipo de paciente.

Como conclusión la vejez no es un sinónimo de enfermedad o discapacidad por lo que debe evitarse toda referencia o alusión en ese sentido cuando se habla de personas mayores.

La asistencia integrada y especializada es un derecho que las personas mayores poseen.

 

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Bibliografía

– Dabove, M. I. (2016). “Derechos humanos de las personas mayores en la nueva Convención Americana y sus implicancias bioéticas”. Revista Latinoamericana de Bioética, 16(1), 38-59.
– Ministerio de Salud de Chile, “Nuevas Expresiones para referirse a personas mayores”. Subsecretaria de Salud Pública División Prevención y Control de Enfermedades Departamento de Ciclo Vital, 2019.
– Mingorance, Daniel; Álvarez, Hemilse; Amor, Gabriela; Rincón, Mirta; Rodríguez, Analía. “La denominación para las personas mayores. Un análisis genealógico HOLOGRAMATICA” – Facultad de Ciencias Sociales – UNLZ –Año XIV Número 27, V1 (2018), pp 34- 63. www.hologramatica.com.ar
– Oddone, M.J., Condiciones de vida de las personas mayores, en Piovani, J.I y Salvia, A., La Argentina en el Siglo XXI, Siglo XXI, Bs.As. 2018.
– Restrepo J. D., “La vejez en las noticias”. Red Latinoamericana de Gerontología RLG. – Bogotá: Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano ; Santiago de Chile: Red Latinoamericana de Gerontología 2017.